Puntos clave
- En un período de tiempo relativamente corto, los teléfonos inteligentes se han vuelto omnipresentes, y sus múltiples usos están en constante expansión: desde acceder a información y comunicarse con otros hasta realizar transacciones comerciales y monitorear la salud.
- Sin embargo, junto con las muchas mejoras y comodidades que ofrecen, creciente evidencia sugiere que los teléfonos inteligentes también pueden impactar negativamente en la salud mental.
- Si bien los estudios han establecido vínculos entre el uso del teléfono inteligente y diversos problemas de salud mental —como la ansiedad, depresión, estrés y problemas de sueño—, la relación es compleja y está influenciada por múltiples factores.
- Muchos investigadores y psicólogos ahora consideran el uso excesivo del teléfono una adicción conductual, dada su similitud con el trastorno de juego, otra reconocida adicción no relacionada con drogas.
Teléfonos inteligentes y salud mental
La penetración global del mercado de teléfonos inteligentes es muy alta: se espera, por ejemplo, que el número de suscripciones a teléfonos móviles supere la población mundial en 2027. América del Norte, Europa Occidental y Asia Oriental tienen tasas de penetración cercanas o superiores al 100% tanto para teléfonos móviles como para teléfonos inteligentes. En 2023, aproximadamente el 66% de la población mundial tenía acceso a Internet a través de dispositivos móviles y desde entonces ha aumentado debido al acceso en los mercados en desarrollo.[1] [2] [3]
A nivel mundial, las personas usan su teléfono entre tres y cinco horas al día, aunque esto puede variar según el país, siendo los jóvenes y adultos jóvenes los que suelen tener tasas de uso más altas.[4] [5] [6]
Los teléfonos inteligentes tienen muchos usos positivos y seguirán expandiendo los capacidades, límites y oportunidades de las personas. Sin embargo, es importante considerar su posible daño a la salud mental y la felicidad de las personas. Numerosos estudios han establecido vínculos entre el uso del teléfono inteligente y varios problemas de salud mental, incluidos:
- Ansiedad y depresión: Los estudios han mostrado un vínculo entre el uso elevado de teléfonos inteligentes (especialmente las redes sociales) y un aumento de los síntomas de ansiedad, depresión y estrés en adolescentes y adultos, debido en gran parte a factores como la comparación social, el ciberacoso y el miedo a perderse algo (FoMO).[7] [8] [9]
- Problemas de sueño: La luz azul emitida por las pantallas de los teléfonos interfiere con la producción de melatonina, y la estimulación mental del contenido puede evitar un sueño reparador. El uso excesivo del teléfono, particularmente antes de dormir, está relacionado con una menor calidad del sueño, insomnio, alteraciones en los ritmos circadianos y la exacerbación de problemas de salud mental.[10 ]11] [12]
- Soledad/aislamiento social: El uso excesivo puede contribuir a sentimientos de soledad y aislamiento social, ya que las personas sustituyen las interacciones virtuales por relaciones en persona, lo que lleva a una sensación de desconexión en el mundo real. Los usuarios frecuentes de redes sociales (tres horas o más por día) tienen el doble de probabilidades de sentirse solos o aislados socialmente.[13] [14] [15]
Numerosos estudios han establecido vínculos entre el uso de teléfonos inteligentes y varios problemas de salud mental.
Aunque los estudios han mostrado consistentemente que el uso excesivo del teléfono puede contribuir a resultados negativos en la salud mental, varios factores complican la comprensión del uso de teléfonos inteligentes y la salud mental. [16] [17] [18]
Estos factores incluyen:
- Relación compleja: La relación entre el uso del teléfono inteligente y la salud mental es curvilínea (en comparación a una relación lineal). El uso moderado del teléfono (de dos a tres horas al día) puede tener efectos neutrales o incluso positivos sobre el bienestar, mientras que tanto el uso muy bajo (menos de dos horas al día) como el uso excesivo (más de cinco horas al día) están vinculados a resultados negativos. Las diferencias individuales (por ejemplo, edad, personalidad, propósito de uso) complican aún más esta relación. Lo anterior puede ser perjudicial para una persona pero puede no serlo para otra.
- Contenido y contexto: Los estudios indican que el tipo de uso (por ejemplo, consumo pasivo frente a interacción activa) es más predictivo de los riesgos para la salud mental que el tiempo total pasado en los teléfonos. El uso pasivo, como desplazarse por redes sociales, está más fuertemente vinculado a emociones negativas, como el FoMO y la comparación social. El uso activo, como comunicarse con amigos o familiares o participar en comunidades en línea, puede ser menos perjudicial y, en algunos casos, incluso beneficioso para el bienestar emocional.
- Rol del contexto individual y social: Factores demográficos como la edad, el género, el estatus socioeconómico y las condiciones de salud mental preexistentes afectan cómo responden los individuos al uso del teléfono inteligente. Los adolescentes y los adultos jóvenes tienden a ser más vulnerables a los efectos negativos de los teléfonos inteligentes, especialmente en el contexto del uso de redes sociales. Los factores culturales también juegan un papel, ya que las diferentes sociedades tienen normas variables sobre el uso de teléfonos inteligentes y su significancia social.
- Hallazgos de investigación inconsistentes y mixtos: Algunos estudios muestran impactos negativos significativos del uso excesivo del teléfono inteligente, mientras que otros encuentran una asociación débil o ninguna asociación clara. Esta inconsistencia surge, en parte, porque los estudios utilizan metodologías diferentes que dificultan las comparaciones. Asimismo, varían las definiciones de "uso excesivo", al igual que las medidas específicas de los resultados de salud mental. Además, la rápida evolución de las plataformas digitales significa que la investigación puede volverse rápidamente obsoleta.
- Sesgo en los datos autoinformados: Gran parte de la investigación depende de datos autoinformados, los cuales pueden ser poco confiables. Las personas pueden subestimar o sobrestimar su uso del teléfono. De igual manera, los síntomas de salud mental como la ansiedad y la depresión son subjetivos, lo que hace difícil medirlos con precisión.
- Asociación versus causalidad: A menudo no está claro si el uso excesivo del teléfono inteligente causa problemas de salud mental o si las personas con condiciones preexistentes (por ejemplo, depresión, ansiedad) son más propensas a participar en el uso excesivo del teléfono. Otras variables, como la privación de sueño, el aislamiento social o la falta de actividad física, que pueden acompañar al uso elevado del teléfono, también son factores que contribuyen a la aparición de condiciones mentales.
Teléfonos inteligentes y comportamientos adictivos
¿Debería considerarse el uso excesivo del teléfono como una adicción?
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), la adicción se encuentra dentro de la categoría de trastorno por consumo de sustancias (Substance Use Disorder, SUD) y se caracteriza por un patrón compulsivo de consumo a pesar de las consecuencias negativas. El DSM-5-TR no utiliza explícitamente el término “adicción”, pero establece los criterios para el SUD basándose en aspectos conductuales, cognitivos y fisiológicos. Estos incluyen control deteriorado, afectación social, uso riesgoso y criterios farmacológicos (tolerancia y abstinencia).[19]
Aunque el trastorno por juego es el único trastorno adictivo no relacionado con sustancias reconocido oficialmente en el DSM-5-TR, los investigadores han sugerido que otros comportamientos realizados en exceso, como los videojuegos en línea, las compras, la pornografía, el sexo, el ejercicio y el uso del teléfono, podrían clasificarse formalmente como adicciones conductuales en futuras ediciones, dependiendo de la evidencia de investigación adicional.[20]
Las personas pueden desarrollar un trastorno adictivo conductual no relacionado con el consumo de sustancias (por ejemplo, el juego patológico) a través de su teléfono inteligente. El uso problemático del teléfono a veces se clasifica como una forma de adicción conductual, en la que los usuarios presentan síntomas como ansias de uso (craving), abstinencia y tolerancia.[21]
En cifras
Una encuesta reciente de Reviews.org indica los siguientes patrones de uso del teléfono:[22]
- Los estadounidenses pasan entre 4 horas y 25 minutos al día en sus teléfonos móviles.
- Revisan sus teléfonos 144 veces al día.
- El 89% dice que revisa su teléfono dentro de los primeros 10 minutos después de despertar.
- El 75% se siente incómodo al salir de casa sin su teléfono.
- El 75% revisa su teléfono dentro de los primeros cinco minutos de recibir una notificación.
- El 60% duerme con su teléfono encendido por la noche.
- El 55% dice que nunca ha pasado más de 24 horas sin su teléfono móvil.
- El 47% siente pánico o ansiedad cuando la batería de su teléfono baja del 20%.
- El 46% usa o mira su teléfono mientras está en una cita.
- El 27% usa o mira su teléfono mientras conduce.
Un estudio encontró que el 76% de 3,534 usuarios de internet, de entre 12 y 77 años, experimentaron más de cinco de 23 comportamientos adictivos relacionados con el uso del teléfono.[23] En general, el 46% de los participantes del estudio sufría sentimientos de depresión, el 70% presentaba niveles de ansiedad y el 14% tenía algún tipo de trastorno del sueño.
Otro estudio de mayor alcance reportó que aproximadamente un tercio de la población mundial podría estar en alto riesgo de desarrollar adicción al smartphone, siendo las mujeres jóvenes y las personas en ciertas regiones de Asia las más propensas a reportar un uso problemático.
Aunque actualmente el uso excesivo del teléfono no está clasificado como una adicción, los criterios del DSM-5-TR para diagnosticar trastornos adictivos sin sustancia pueden servir como una base para futuras investigaciones. Algunos patrones de uso excesivo de smartphones podrían describirse mejor como una "adicción", basándose en estos criterios:
- Antojo y uso compulsivo – Las personas sienten una necesidad incontrolable de revisar el teléfono con frecuencia, incluso cuando esto interfiere con su vida diaria o sus relaciones. Este comportamiento es similar a las compulsiones observadas en los trastornos por uso de sustancias (SUD).
- Pérdida de control – La incapacidad de reducir el uso del teléfono es común. Los usuarios pueden planear revisarlo por un minuto y terminar desplazándose por horas.
- Tolerancia y escalada – Con el tiempo, se necesita más tiempo en el teléfono para obtener la misma sensación de satisfacción o alivio. Este uso constante se intensifica, de manera similar a la manera en que los consumidores de sustancias desarrollan tolerancia y requieren dosis mayores para obtener el mismo efecto.
- Síntomas de abstinencia – Cuando se restringe el acceso al teléfono, las personas pueden experimentar ansiedad, irritabilidad, inquietud o angustia, síntomas comparables a la abstinencia en los SUD.
- Interferencia con la vida diaria – El uso excesivo del teléfono puede afectar el desempeño social, laboral y académico, además de impactar la salud física (ej. fatiga visual, dolores de cabeza y mala postura).
- Modificación del estado de ánimo – Como otras conductas adictivas, el uso del teléfono puede ser un mecanismo de escape ante el estrés, el aburrimiento, la soledad o la depresión, por lo que genera un ciclo de dependencia.
- Relevancia desproporcionada (salience) – El uso del teléfono puede convertirse en una actividad prioritaria, desplazando otras importantes como el ejercicio, el tiempo con seres queridos o el desarrollo de pasatiempos.
- Impacto psicológico y social – Las constantes notificaciones y el uso simultáneo de varias aplicaciones pueden afectar la capacidad cognitiva, reduciendo la atención y la memoria. Además, el uso excesivo de smartphones, especialmente en redes sociales, se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y sentimientos de insuficiencia.
Consideraciones para el sector asegurador
Desde la perspectiva de los seguros, evaluar con precisión el riesgo de mortalidad y morbilidad asociado a la adicción al teléfono requerirá ampliar el conocimiento actual de diversas maneras, incluyendo:
- Estudios longitudinales – La mayoría de los estudios sobre el uso de teléfonos inteligentes y la salud mental son transversales, lo que significa que analizan datos en un solo momento. Se necesitan investigaciones longitudinales, que sigan a los individuos a lo largo del tiempo, para comprender mejor los efectos a largo plazo del uso de los teléfonos en la salud mental.
- Impacto de las nuevas tecnologías – La rápida evolución de la tecnología, incluidas la inteligencia artificial, la realidad virtual y las nuevas plataformas de redes sociales, implica que los riesgos específicos para la salud mental están en constante cambio. El auge de plataformas como TikTok y su naturaleza inmersiva (por ejemplo, videos cortos y retroalimentación instantánea) pueden plantear nuevos desafíos para la salud mental que requieren investigaciones actualizadas.
- Factores individuales – La investigación debe seguir explorando los factores que hacen que ciertos individuos sean más vulnerables a los efectos negativos del uso del teléfono, como condiciones preexistentes de salud mental, rasgos de personalidad (por ejemplo, neuroticismo) o circunstancias sociales.
Si bien la adicción al teléfono no es actualmente una condición sujeta a evaluación en los seguros, las aseguradoras deberán monitorear la investigación en curso, analizar los diferentes aspectos de este problema en evolución y adaptar sus procesos de estratificación de riesgos y evaluación de reclamaciones en consecuencia. También podrían buscar oportunidades proactivas para mejorar la participación de los clientes en este tema a través de iniciativas de bienestar, educación y herramientas de detección.
Conclusión
A pesar del creciente número de investigaciones, aún no se comprenden completamente los riesgos para la salud mental derivados del uso de teléfonos inteligentes. Y aunque numerosos estudios han establecido vínculos entre el uso del teléfono y problemas de salud mental, la relación es compleja y está influenciada por múltiples factores. La rápida evolución de la tecnología de los teléfonos y de las plataformas de redes sociales añade otra capa de complejidad, lo que dificulta sacar conclusiones definitivas sobre la magnitud de los riesgos.
El uso del teléfono móvil ha sido descrito como la mayor adicción no relacionada con drogas del siglo XXI. Los estudios destacan que el uso excesivo del teléfono activa el sistema de recompensa del cerebro, mediante la liberación de dopamina, lo que refuerza el hábito de revisar notificaciones, redes sociales y aplicaciones. Investigadores y psicólogos a menudo se refieren a la adicción al teléfono como una adicción conductual, dado su parecido con el trastorno por juego compulsivo. La constante accesibilidad e interacción con los teléfonos ha amplificado este problema a nivel mundial.
Los teléfonos inteligentes están ahora inextricablemente integrados en la vida moderna. Comprender cómo optimizar esta relación con la tecnología mientras se mitigan los riesgos representa un desafío continuo, no sólo para los profesionales médicos y las aseguradoras, sino para cada individuo.